The Bridge decepciona, disculpen. 

Lo siento, pero es innegable. The Bridge decepciona, y mucho. Y no lo digo por la producción o el plantel actoral, que son correctos como todo lo que sale de la factoría estadounidense. Lo digo, en general, por el argumento. Y no quiero caer en la ya manida comparación con la original Bron/Broen ni con el resto de versiones que se han hecho en distintos lugares. No. No quiero comparar. The Bridge decepciona en sí misma y por sí misma. Lo siento por los fans.

Recuerdo cómo asistí a su estreno con el entusiasmo de las mentes pueriles del año pasado, mucho antes de que irrumpiera en nuestra parrilla el ciclón True Detective y todo lo que vino después —y lo que está por venir—. Por entonces, la premisa de un cadáver situado sobre la línea divisoria que obligue a trabajar codo con codo a los policías de ambas naciones —ambas culturas, ambos mundos, si me apuran—, México y EEUU; la idea subyacente de la frontera, con todo lo que ello trae consigo, y el motivo de fondo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez me conmovía. Sí. Salivaba. Pobre de mí.

La deriva de la primera temporada, sin embargo, no pudo ser más decepcionante. [Cuidado ahora, que llegan los spoilers]. Lo que parecía un conflicto sostenido sobre una pugna de egos irreconciliable —dos policías opuestos, dos mundos opuestos— se diluye al segundo tres. Marco y Sonya no sólo se llevan estupendamente sino que además se entienden a la perfección. Es cierto que hay algún instante de discusión que se zanja con Marco pegando un par de gritos en plan macho y Sonya reprimiendo alguna lagrimilla, pero poco más. Son un equipo tan bien avenido que las tramas de ambos personajes de manera independiente pierde fuelle por los cuatro costados. Se necesitan; existen el uno con el otro. ¿Conflicto? Nah.

El planteamiento del cadáver sobre el puente, la pugna internacional, el reclamo del asesino por vengar lo que a todos ojos es un genocidio machista en Juárez —feminicidio, lo llaman— se va, igualmente, al carajo. Resulta que todo era una vendetta personal; una venganza particular que poco o nada tiene que ver con el problema de las muchachas desaparecidas y encontradas bajo el polvo de las Lomas del Poleo, entre otros lugares —a la sazón, estamos hablando de una realidad macabra que se ha cobrado cientos de víctimas—. ¿Conflicto? Sí, lo hay, pero es diferente del que nos presentaron al comienzo. No me culpen si me he sentido engañado.

[Tweet “Hay conflicto, pero es diferente del que nos presentaron. No me culpen si me he sentido engañado”]

La idea de la frontera sí tiene cierta enjundia, pero es que siempre la tiene. Orson Welles cogió el tema allá por los cincuenta e hizo un peliculón. De hecho, es el eje sobre el que pivotan todas las tramas paralelas que han metido para rellenar. Sí. Para rellenar. ¿Una ranchera pija a la que le da el siroco y mata a tiros a todo el mundo? ¿Una chica que cruza la frontera y a la primera de cambio se vuelve a la maquila? ¿Un par de periodistas que dan con un alijo por pura casualidad? Seguro que si han visto la primera temporada estarán de acuerdo conmigo: la trama principal termina en el capítulo diez, los tres siguientes son sencillamente marear la perdiz. Nuevos personajes, nuevos conflictos que nada tienen que ver con el principal o que parecen querer retomarlo a tientas y con sigilo. Casi da la impresión de que la serie nos ha presentado una idea muy potente de conflicto principal, luego ha divagado todo lo que ha querido a lo largo de una trama convencional de cualquier serie del palo —Bones, Elementary, Castle…— con un asesino vengador al uso, para retomar la trama inicial en el último instante, no sea que nos hayamos olvidado; no sea que pensemos que es, efectivamente, una serie del palo.

Por no tener ni siquiera tiene el tufillo del noir. Seguro que saben a lo que me refiero. El ambiente, la atmósfera… llámenlo como quieran. True Detective sí lo tiene —lo inunda todo hasta el punto de justificar la serie, incluyendo su decepcionante final—, pero The Bridge carece de él por completo. Y mira que tienen recursos; y mira si hay «atmósfera» entre El Paso y Juárez. Pero no. Una construcción lineal y aburrida, si me lo permiten. ¿Qué hay que descubrir? ¿Qué hay que averiguar? ¿La psique de Marco? ¿Sonya y sus problemas? ¿La corrupción policial y la influencia del cártel? Nada. Todo diáfano desde el comienzo. Los personajes, de hecho, ni siquiera parecen cambiarse de ropa.

Tengo que reconocer, eso sí, que hay varios puntos que me han atraído especialmente. El primero de ellos fue el capo mexicano, implacable asesino y jefecillo del cártel de la droga, temido por todos en Juárez —policías y civiles—, que se pone boleros para hacer sus tejemanejes en el coche. Una genialidad, no me negarán. ¿Y si hubieran construido la serie en torno a este tipejo que no se quita la gorra ni para dormir? Ya, ya sé que esto no es la HBO. El segundo atractivo es más reciente, de hecho llega ya entrada la segunda temporada: Franka, por supuesto. Por algún motivo que se me escapa, los productores han optado por cerrar el reparto de The Bridge con otra actriz de ascendencia alemana —además de la protagonista—. El personaje que interpreta Franka Potente es inquietante, misterioso y terrorífico: como debe ser un villano, ¿no les parece?

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Así y todo, ha llegado un momento en que me supera tanto hilo cruzado, tanta trama enlazada: los periodistas, los narcos, los puteros, los policías y la venganza de unos y otros, aunque entiendo que haya quien la siga. El punto culebronesco del asunto es lo que tiene. Eso sí, si se atreven, traten de verla en versión original: de este modo comprenderán por qué Sonya no parece entender lo que dice Marco cuando habla por teléfono, entre otras cosas.♦