El cine y la televisión británicos nos tienen acostumbrados a soberbias producciones de pulcra ambientación histórica, cuidada interpretación e interesante narración emocional. Si a esta tradición le sumamos la fiebre que ha despertado Benedict Cumberbatch desde que, hace varios años, pusiera el pie en Baker St., nos encontramos con la tormenta perfecta. The Imitation Game es una película redonda en todos los sentidos.

No debe de haber resultado sencillo narrar la biografía del matemático Alan Turing, sobre todo teniendo en cuenta que gran parte de su vida ha sido secreto de Estado los últimos cincuenta años. Turing y su equipo, según se ha revelado recientemente, lograron descifrar el complejo código criptográfico empleado por los nazis en sus transmisiones durante la Segunda Guerra Mundial a través de la máquina Enigma. Gracias a su labor, la guerra no sólo se ganó sino que se acortó —coinciden los historiadores— varios años, salvando millones de vidas. Pero su aportación a la humanidad no termina ahí. Turing sentó en sus escritos y ensayos las bases de la moderna computación, poniendo la primera piedra para el desarrollo de los ordenadores actuales. Y, además de todo, era homosexual. ¿Importa este dato? Mucho. En 1952, cuando la homosexualidad era todavía delito en Gran Bretaña, fue condenado a castración química y se quitó la vida dos años después mordiendo una manzana envenenada con cianuro. No llegó a cumplir 42.

Es digno de mención el fantástico trabajo del director de fotografía, el español Óscar Faura, conocido por su aportación a películas como El Orfanato o Lo Imposible

La película dirigida por Morten Tyldum, con guión del novel Graham Moore a partir del libro del también matemático Andrew Hodges Alan Turing: The Enigma, entrelaza estas tramas en un relato cuidadosamente desestructurado. Además de los trabajos durante la guerra, se nos narran dos instancias alternativas a través de saltos temporales: la infancia de Turing, en la que conoce el primer amor que le marcará toda su vida, y la etapa posterior a la guerra, cuando es arrestado por sus escarceos. Adicionalmente, el film apunta una subtrama de temática femenina al retratar los problemas con los que tiene que bregar el personaje interpretado por Keira Knightley por el simple hecho de ser mujer.

Destaca la interpretación de Cumberbatch, si bien no dista mucho de lo que nos tiene acostumbrados. Turing roza el asperger, como un Sherlock más humano; como un Sheldom Cooper con buen fondo, y además está flanqueado por un nutrido grupo de intérpretes británicos curtidos en las tablas de la televisión como los conocidos Matthew Goode, Charles Dance o Rory Kinnear. Es digno de mención, igualmente, el fantástico trabajo del director de fotografía, el español Óscar Faura, conocido por su aportación a películas como El Orfanato o Lo Imposible.

Y además, es una de las multinominadas en los Oscars. No se la pierdan.


Artículo originalmente aparecido en el semanario Tribuna Universitaria de Salamanca el 12 de enero de 2015. Leer versión impresa.