Nada que venga de la mano de Damon Lindelof es digno de mi confianza. No sólo nos trajo el disparate de Lost, sino que además es la mente pensante detrás de los textos de la infame Prometheus  o de World War Z. Pero en vista que estrena serie raruna, y en la HBO nada menos, he creído conveniente ver al menos el piloto.

Y no me he equivocado demasiado. La propuesta viene a ser lo de siempre: un misterio que no tiene, de entrada, ni pies ni cabeza pero que está perfectamente diseñado para que las hordas de fans de Lost, que son muchas y están ávidas de series ininteligibles con las que dejarse decepcionar, compren el falso misterio de la propuesta.

La trama está sacada de un libro que, según me comentan, es más bien malo —dejo a Brito los honores, si tiene un par—, en el que se narra cómo la humanidad afronta el trauma de que un dos por ciento de su población desaparezca sin más. Sí, sí. Sin más. Va uno por la calle y ¡pluf! desaparecido. Como si una fuerza superior hubiera llamado a esas personas de este mundo a su presencia con ropa y todo. ¿Qué pasa con los que se quedan atrás? ¿Cómo sobrellevan el trance los que no han sido «raptados»?

El piloto me ha aburrido soberanamente. La narración nos sitúa tres años después de los sucesos y nos presenta a varios personajes que habitan en una sociedad desestructurada, en familias desestructuradas, y con serios problemas de convivencia mientras los adolescentes siguen haciendo fiestas y dándose el filete en cuanto tienen ocasión. En la pequeña población donde se desarrolla la trama hay varias sectas raras —con especial énfasis en la de aquellos que visten de blanco, hacen voto de silencio y se dedican a fumar para demostrar su fe mientras hacen el ridículo acosando a sus acólitos—, varias personas que han sufrido de alguna manera «el rapto» con fatales consecuencias familiares, un ciervo misterioso que debe de significar algo pero que todavía no sabemos qué, y jaurías de perros también raros a los que, por lo visto, hay que matar a tiros a la menor. ¿Sentido? Ninguno.

[Tweet “Hay varias sectas raras. En una hacen voto de silencio y se dedican a fumar para demostrar su fe.”]

La fotografía y la producción me han recordado mucho mucho a otras propuestas como La Cúpula —el punto sobrenatural de la sociedad pequeña aislada, los policías como protagonistas de la broma…—, se ha echado en falta un puntillo un poco más arriesgado en la producción —abuso de insertos de montaje para contarnos lo que no sabemos—, y unos actores que están entre lo exagerado y lo inexpresivo. Pero bueno, es solo el piloto, lo mismo la cosa va mejorando, que es la HBO.

Lo que realmente me molesta del asunto puede resumirse en tres aspectos fundamentales: lo ilógico, lo trascendente y lo falaz. Comenzaré por lo ilógico.

Estados Unidos es una nación de pérdidas. Tal vez no lo sea ni más ni menos que cualquier otra, pero probablemente sea una de las que más ha explotado el tema en su folklore nacional. El «hogar de los valientes», como reza su himno, tiene una amplia tradición de caídos por la patria en ultramar, de perdidos por la causa en los campos de Marne y Verdún, en playa de Omaha o a lo largo del cauce del Mekong, y si algo caracteriza a una sociedad castigada por la pérdida es que los leftovers —«sobrantes»— antes que dividirse y aislarse como predica la serie, en realidad tienden a unirse, a hacer piña y generar comunidad. Y no comunidad sectaria, sino todo lo contrario. Recuerden los acontecimientos tras el 11 S. ¿Una sociedad desestructurada? Raro. Creo que el mejor ejemplo de lo que digo lo muestra Michael Cimino al final de la obra maestra The Deer Hunter, cuando un grupo de amigos termina compartiendo desayuno después de enterrar a uno de ellos y de que la guerra les haya arrebatado la juventud.

El siguiente aspecto que me desanima tiene que ver con la trascendencia del hecho narrado. La propuesta más similar a The Leftovers que se me viene a la cabeza tal vez sea la genial Southcliff, que comentamos en su día. La serie británica también nos narraba el trauma que vivía un pueblecito ante un hecho devastador: un veterano de guerra se liaba a tiros por la calle, llevándose por delante a una decena de personas. La serie abordaba, efectivamente, las consecuencias sociales del hecho, pero no escatimaba a la hora de plantear las causas, las motivaciones que habían llevado al veterano a cometer semejante atrocidad. En cierta forma, y a través de la mirada de un periodista, terminamos la serie «entendiendo» al asesino, y comprendiendo las motivaciones de su locura.

A lo que voy es que, mientras que en Southcliff se toman la molestia de indagar y de darle una causalidad a la premisa —que no deja de ser pura y cruelmente humana—, en The Leftovers directamente pasan de explicar absolutamente nada. De hecho el amigo Lindelof ya ha adelantado que no va a haber en ningún momento una explicación de qué ha pasado con la gente que ha desaparecido, ni se va a indagar sobre las causas del acontecimiento, sólo cómo la sociedad lidia con las consecuencias.

[Tweet “Lo sobrenatural del suceso le resta protagonismo a los problemas sociales derivados de él”]

El problema es que, en el caso de The Leftovers, no hay un fondo de desesperación y podredumbre humana detrás del cataclismo, como sí había en la otra serie británica; la causa de todo el conflicto tiene una trascendencia metafísica que va más allá del «a uno le ha dado un siroco». A ver, que la gente ha desaparecido porque sí. ¡Pluf! ¿Cómo se atreve, señor Lindelof, a pasar por alto ese detalle? ¿Cómo que no se va a indagar en el tema de la gente evaporada? En mi opinión, las causas sobrenaturales del suceso le restan protagonismo a los problemas sociales derivados de él. Realmente me da igual los chanchullos romántico-sexuales de la adolescente; me da lo mismo el acoso de las sociedad de fumadores pacifistas silentes; me importa un pimiento los problemas conyugales de Liv Tyler o del jefe de policía. ¡¡Lo que me interesa es por qué han desaparecido sin más 140 millones de personas!! ¡¡¡Cómo que no van a tratar eso!!! ¿Acaso no es el conflicto más importante de la serie?

Esto me lleva directamente al tercer aspecto que me pone de los nervios: lo falaz de todo. La falacia como eje y piedra angular de toda la producción y, si me apuran, de su promoción. Me refiero a lo que viene siendo vender humo, ya me entienden. No solo han construido todo un eje argumental sobre una premisa sobrenatural que van a tener la caradura de no explicar, sino que encima nos generan la duda de si lo que han dicho que van a hacer es cierto o no lo es. Básicamente están pidiendo al espectador que les dé carta blanca para hacer, sencillamente, lo que les dé la real gana. Usted créalo todo, ya verá cómo le sorprendo. Trague, trague. Así. Ya verá como disfruta el viaje, aunque el final le decepcione otra vez, como ya hice en otras ocasiones.

En todo caso, démosle una oportunidad. Lo mismo el piloto también juega al engaño, como siempre.