Dicen que «muy pronto» llegará a Cuatro The Strain, la saga vampírica escrita por Guillermo del Toro y el escritor Chuck Hogan. Como me puede el ansia, le he echado un vistazo. 

Hubo un tiempo en que los vampiros eran gente cool. Sí. Gente cool, gente con clase. Hasta que llegó The Strain y convirtió al villano en un bichejo zombificado, infectado por un gusano de goma. Vale que el Nosferatu de Murnau fuera más parecido a un alienígena que a un atractivo seductor, pero estábamos en el expresionismo alemán y había que deformar a los monstruos. De ahí en adelante, el vampiro siempre fue un tipo interesante. A lo mejor Bela Lugosi, el primer Drácula de la factoría estadounidense, no encaje en los cánones de belleza de nuestro siglo pero en los años treinta tenía también su puntillo, no se crean: centroeuropeo, culto, caballeresco y con cierto deje teatral… aunque probablemente no estuviera al nivel de Christopher Lee y su vampiro «poderoso, mayestático y cruel, atractivo y repulsivo a un tiempo», como lo ha descrito Díaz Maroto.

Lee fue probablemente el arquetipo del vampiro en el cine de nuestra infancia, o al menos hasta los noventa. En la década que vio nacer internet se llevaron al cine las obras de Anne Rice donde empezaba la mescolanza del vampiro con el ángel caído, de Brad Pitt y Tom Cruise con colmillos —ojo, que las quieren retomar—; también vinieron los puticlubs «abiertos hasta el amanecer» y Sarah Michelle Gellar, estaca en mano, persiguiendo universitarios que se transfiguraban en vampiros según les viniera en gana. De ahí a los TrueBloods y «crepusculines», ya comprenden la deriva. Pues nada que ver con The Strain.

The Strain es básicamente Walking Dead con vampiros, lo que da mucho más interés al tema de ambas propuestas porque, como todo el mundo sabe, los vampiros son mucho, mucho, mucho más interesantes que los zombies se mire desde donde se mire. El vampirismo en la obra de Guillermo del Toro y Chuck Hogan es una enfermedad causada por un parásito que convierte a sus portadores en auténticos mutantes: en vez de garganta tienen una trompa —no sé otra manera de llamarlo— de dos metros a través de la cual succionan la sangre de sus víctimas, membranas nictitantes en vez de párpados, y los órganos sexuales de Marilyn Manson en Mechanicals Animals. Por ello, hay diversas tramas abiertas: el tema de detener la plaga, de hacer frente a los portadores del gusano, y el drama de los familiares y amigos cuando un ser querido «se infecta». Sí. Lo mismo que Walking Dead.

Lo que quizá diferencia a The Strain es que los villanos, esta vez sí, son seres inteligentes. Según parece, la epidemia tiene tras de sí un cabecilla maligno en la forma de uno de los vampiros originales, y toda una suerte de seguidores y lugartenientes, entre los que está en un primer nivel un antiguo oficial de la SS, por supuesto también vampirizado. Contra ellos, los buenos de la historia: a modo de van Helsing, un superviviente del Holocausto —al que yo le calculo entre 90 y 95 años—, un doctor del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, un exterminador de roedores y los equipos de ambos. Por supuesto, el anciano ya ha tenido experiencias anteriores contra los villanos…

The Strain

La producción y factura visual de The Strain es, no obstante, bastante cutre. Por algunos lugares he leído que si es un homenaje a la serie B, que si el espíritu pulp o qué se yo. Pero el caso es que, aunque se ve que hay tintes de una producción potente como todas las que hacen en EEUU, el resultado no puede ser más desastroso. Además de los efectos digitales de quinta categoría, tenemos el maquillaje rancio y ya manido de todas las propuestas similares del panorama de los últimos 10 años 20 años. Y oye, a ver, una cosa es que te guste el estilo chillón de la Hammer de los sesenta, o las estridencias del Giallo, pero eso no implica que en la segunda década del siglo XIX el cutrerío no nos saque de la ficción. Porque al final se reduce a eso: elementos de atrezzo que terminan por hacerle evidente al espectador que lo que está viendo es de postín. Lo peor de la serie es el pelucón que le han plantado encima a Corey Stoll —al que vimos, luciendo calva, como congresista «junior» en la primera de House of Cards—, que en las escenas de acción o pelea alcanza tintes épicos.

A pesar de todo, The Strain ha sido renovada por una segunda temporada y parece ser que pronto la veremos en nuestras pantallas. Aunque ya nos conocemos los «prontos» de las cadenas españolas…

*Puedes leerte los libros originales en los que se basa la serie: