Los hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo, pero no el cine. El cine vino después. Los Lumière enfocaban su cacharro hacia un sitio y filmaban. Punto. Luego reproducían lo filmado: plano único, experiencia de la vida. No tenían más pretensiones que la de mostrar la realidad. Habría que esperar a la llegada de Méliès, Porter, Griffith, Eisenstein y un larguísimo etcétera para que podamos hablar de lo que hoy entendemos por montaje cinematográfico. Desde aquellos orígenes ha llovido mucho. La manera de narrar con imágenes ha evolucionado y los elementos del lenguaje audiovisual se han modernizado hasta el extremo. Salvo en los programas de cocina españoles.

Los programas de cocina realizados en nuestro reino me parecen soberanamente aburridos. Ese plano secuencia interminable; ese cocinero de turno dando la charleta para distraernos en lo que tarda el agua en hervir; esa absoluta frontalidad de la escena, como en un teatro… ABURRIDO. La tendencia española en lo que a programas de cocina de refiere es francamente la negación del montaje como herramienta discursiva y la práctica nulidad en lo que a recursos del lenguaje audiovisual se refiere —ni un triste rótulo, ni una mísera elipsis—. O sea, al estilo Lumière. Para que se hagan una idea, les paso un ejemplo de los más atrevidos en el uso del montaje:

Muchos me dirán que los programas de cocina son así, que no se puede innovar más o que, incluso, no hace falta hacerlo. De este modo la gente acompaña al cocinero y lo va haciendo paso por paso, a la vez que él, controlando los mismos tiempos y riéndole los chascarrillos… ¡Venga ya! Todo el mundo sabe que el motivo real es ahorrar costes y tiempos. Obviamente se tarda mucho menos en plantar al cocinero delante de la cámara en un decorado ya iluminado de forma artificial —me refiero a una iluminación «que se nota» que es artificial— y grabar del tirón todo lo que dice y hace. Así el montador —si llega a haberlo— no tiene más que poner los rótulos del principio y los ingredientes al final. Trabajo hecho. Incluso puede hacerlo en el momento del rodaje. Es más, con dos personas es suficiente ¿Para qué queremos contratar cámaras? Ponemos un par atornilladas en el techo y en un lateral y ya tenemos montaje fragmentado. No importa que estén desencuadradas y desenfocadas en todo momento… lo importante es hacerlo del tirón y emitirlo de golpe. Total: ni el espectador ni el patrocinador se van a quejar…

Claro, el problema es que tenemos la costumbre de importar piezas extranjeras que demuestran que las cosas por ahí se están haciendo de manera diferente. Para muestra un ejemplo de la BBC —que también se emite en nuestro Canal Cocina patrio—:

Lo han notado? El ritmo, la iluminación, la música, el estilo visual… Incluso se atreven con aceleraciones y ralentizaciones. ¿Les parece ciencia ficción? Este programa se ha podido hacer con el mismo sistema de sonido que empleamos en España, con cámaras fotográficas DSLR —más baratas que las empleadas en la producción de TV—, y el mismo software de montaje que se enseña en las escuelas y universidades de nuestro país —lo sé bien, créanme—. ¿Cuál les ha parecido más entretenido? ¿Cuál se sentarían a ver?

Llevo bastante tiempo dándole vueltas al asunto. Algunos me dirán que es una cuestión de dinero, que aquí no hay, y es posible. No obstante, de un tiempo a esta parte he empezado a dudar de ese argumento —facilón donde los haya—. ¿Y si resulta que no es una cuestión de dinero? Tengo muchos amigos y excompañeros de carrera que se están ganando las lentejas más con ingenio y trabajo que con grandes producciones, y ellos ya se atreven con timelapses, stopmotion e incluso con planos aéreos —con mini-helicópteros en vez de grúas, más baratos y versátiles—. ¿Y si resulta que es una cuestión de acomodamiento? ¿Acaso no deberían las marcas que patrocinan estos espacios pedir un poquito más de calidad? ¿Acaso no deberían exigirla los espectadores?

Por si alguien duda de lo que digo con respecto al equipo técnico empleado, aquí les dejo un video muy aclaratorio:

Camera/GFX Moodboard from GFXHUB on Vimeo.