Si algo funciona, no lo cambies.

Al menos así deben pensar los responsables de las series de TV. Si algo funciona, no lo cambiemos. Sigamos, aunque sea lo mismo de siempre, aunque llevemos años, décadas o siglos con ello.
Echen un vistazo a las últimas series que hemos comentado en este blog: Dracula, Sherlock, las Brujas de Salem, Sleepy Hollow… Conocen las historias, ¿verdad? Ya las han visto. Ya saben de qué van.

Parece que la vena creativa de los directivos de las cadenas está de capa caída. Sí, son los directivos. No se equivoquen. Los guionistas pueden escribir de otras muchas cosas, igual que rodar los realizadores. Son los directivos. Los que viven bajo la Espada de Damocles del numerito de share. No te arriesgues. No seas loco. Ve a lo seguro. Hacemos lo de siempre con un par de giros, un poco de espectáculo, y tensión sexual no resuelta. Que esto de la tele se está viniendo abajo y no estamos para arriesgar. Deja, deja… Las moderneces para los que tienen dinero de sobra, Netflix y compañía, ya sabes. Nosotros volvamos a lo que nos hizo triunfar en los noventa.

En España sucede un poco más de lo mismo. Nuestra ficción está explotando el turbulento siglo XX como si no hubiéramos tenido otro. Va a llegar el día en que El tiempo entre costuras alcance en ambientación a Amar es para siempre, y ésta a Cuéntame. Sería estupendo. Podrían lanzar luego el pack de las tres juntas en DVD en Bluray y terminarlo con la España postmoderna, con Aída y Vive Cantando, que son también la misma aunque no iguales.

Menos mal que tenemos las históricas, ya saben: Isabel, Águila RojaAlatriste —en producción— Ya, ya… Ya sé que éstas también repiten un poco los elementos, pero es que funciona. Han demostrado que son lo que la gente quiere ver en el primetime particular español, —sí, ese que pese a acabar de madrugada obliga a las tramas a incluir elementos infantiles y «para toda la familia»—. Y lo demuestran cada día, aunque El tiempo entre costuras le robe a Isabel audiencia hasta decir basta…

Si algo funciona no hay que cambiarlo, y que arriesguen los que tienen dinero. Los experimentos, con gaseosa. O sea, con internet. Sí, sí, de eso también tenemos aquí. Y no se crean que en menor medida o de peor calidad. Acuérdense del éxito de Qué vida más triste antes de que la televisión la corrompiera. Gracias al milagro de YouTube podemos disfrutar de piezas rebosantes de talento. Y no me refiero solo a las comedias de animación como Cálico Electrónico o La Niña Repelente, ni tampoco a la moda del videoblog, o del falso videoblog: en la red podemos encontrar todo el atrevimiento, frescura y originalidad que evitan las cadenas de TV, y en muchos casos con un empaque que ya quisieran los maestros del cartón piedra. ¿No se lo creen? Echen un ojo al trailer de la webserie Libres:

¿Se lo esperaban? Pues ahí no queda la cosa: el mar está lleno de gotas. Naveguen. Naveguen un rato y no tardarán en dar con joyitas como la catalana Ruta 66, la paródica Malviviendo o la longeva y provocadora Con pelos en la lengua.

¿Les sorprende? ¿Las conocían? ¿Se esperaban semejante calidad? Ahora pongan de nuevo la televisión. ¿La ven de la misma manera?

Pues eso.