Ha terminado Víctor Ros, y para siempre. Televisión Española ha decidido no renovar después de los bajos datos de audiencia. Ha terminado y, si me lo permiten, me da pena. Vale que he sido, en ocasiones, muy puntilloso con la serie por fundamentalmente cuatro motivos que expondré más adelante, pero eso no significa que no sea capaz de valorar las virtudes que tenía y que, en mi opinión, la hacían merecedora de una continuación.

La primera de ellas es que mantener una audiencia fiel, aunque minoritaria, no es motivo suficiente como para borrar una buena ficción de la parrilla pública. Lo siento. Soy de esa opinión. Si tenemos una televisión financiada a duras penas por todos es precisamente para que no tenga que adecuarse a los vaivenes de la demanda publicitaria y su injusto reparto del pastel, y pueda dedicar tiempo y espacio a productos con valía. Y créanme cuando les digo que, efectivamente, Víctor Ros ha tenido valía, y no sólo por una interpretación más que reseñable, unos personajes redondos en su mayoría, unos diálogos de los que marcan época y una ambientación, cromas aparte, digna de análisis. Mientras que Velvet, su principal competidora en la franja horaria, se ambienta en un Madrid ficticio a ritmo de catálogo de canción ligera norteamericana de los cincuenta, Víctor Ros ha retratado con tanta fidelidad su época que incluso ha motivado un programa posterior dedicado específicamente a ello. Pero claro, Velvet tiene cuatro millones de espectadores y cabe la posibilidad de que la pública, después de todo, también tenga que competir en el mercado de patrocinadores a su manera.

Si tenemos una televisión financiada a duras penas por todos es precisamente para que no tenga que adecuarse a los vaivenes de la demanda publicitaria y su injusto reparto del pastel

Los problemas de la serie han sido cuatro, en mi opinión. Uno leve y tres gordos. El leve, como ya comenté hace tiempo, son los cromas. No los mencionaré más, que luego me lee gente que me tacha de repetitivo. Los otros, los gordos, tienen que ver con la intachabilidad de Ros, el abuso de la solución caída del cielo, y la representación de los roles femeninos. Pero vayamos por partes.

¿Qué mérito tiene Superman? ¿Se lo han planteado alguna vez? Superman vuela, le rebotan las balas en el pecho, ve a través de las paredes y encima es guapo el jodío. ¿Qué mérito tiene lo suyo? Ninguno, realmente. Superman no tiene el menor interés hasta que aparece Lex Luthor y le planta encima un collar engarzado de Kryptonita, un mineral que, paradójicamente, juega un importante papel en su propio origen. ¿Lo entienden? No hay uno sin lo otro. Bueno, pues Víctor Ros es Superman sin Kryptonita.

¿No lo han pensado? Quitando la historia del origen marciano, ambos personajes son muy similares: tienen un padre desaparecido, otro putativo que muere prematuramente y ambos se dedican a proteger a los indefensos. El problema es que Superman tiene alergia a la Kryptonita mientras que Víctor Ros parece inmune a todo. No tiene una traba, el puñetero. Es guapo, inteligente, resolutivo, habla idiomas y las mujeres se mueren por sus huesos y eso, como comprenderán, no sólo tiene poca gracia sino que puede resultar insultante, sobre todo cuando Ros sabe cosas que el espectador atento desconoce, lo cual me lleva al segundo tema.

El problema es que Superman tiene alergia a la Kryptonita mientras que Víctor Ros parece inmune a todo

No seré yo quien diga que se ha recurrido bastante al deux ex machina, es decir, a la resolución de última hora caída del cielo, pero no me negarán que un poco de truco ha habido. Desde datos y personajes que aparecen de pronto en el tercer acto para ofrecer una explicación razonable al misterio, hasta benditas casualidades de esas que cantan por peteneras. En el episodio de la semana pasada, Luis El Conquense —el amigo de la infancia de Víctor— roba justo al diputado que está tramando el asesinato del presidente justo minutos antes de que lo asesine un espontáneo, y va al perista justo en el momento en que está la policía en el interior del local. ¡Maldito cúmulo de casualidades!

Sin embargo, a pesar de todo, lo que peor he llevado ha sido realmente el tema de la representación femenina en la historia. Quienes me conocen saben que soy sensible con el asunto. Por mucho que hayan planteado diálogos relativos al sufragio femenino, o que hayan metido personajes concienciados con esos temas «de mujeres» como los avanzados Ros y Escosura, no sé si es que los guionistas han tratado de homenajear el folletín decimonónico pero, desde luego, han calcado la representación trasnochada de la mujer que se hacía en la época y que, por desgracia, ha heredado el cine y la tradición literaria de nuestro tiempo. Por resumírselo: dicotomía y dependencia.

La representación femenina se circunscribía tradicionalmente en dos opuestos referidos a la moral: Eva y Ave —María—

Dicotomía, en primer lugar, porque la representación femenina se circunscribía tradicionalmente en dos opuestos referidos a la moral: Eva y Ave —María—. Seguro que lo han notado en las secundarias de Víctor Ros: la rubia y la morena, la culta y la ignorante, la rica y la pobre, la virtuosa y la descarriada, la maestra y la puta. No hay matices, no hay opciones: o una o la otra. La verdad es que en cuanto a variedad en la representación de mujeres Velvet está mucho mejor, no lo podemos negar. Por otro lado, el temita de la dependencia masculina es uno de los puntos que más ampollas levantan por el test dichoso ése. No lo voy a aplicar, que escuece, pero permítanme que traiga a colación tan sólo un nombre que tiene mucho que ver con Ros aunque no haya tenido presencia —a mi pesar— y que, a la postre, es un ejemplo de búsqueda de la independencia femenina: Irene Adler.

Pese a estos detalles, créanme que estoy apenado por el cese de Ros. He disfrutado de la serie y me ha parecido una propuesta muy digna y respetable. En la despedida sólo me queda el consuelo de saber que el mismo equipo está detrás de algunos de los próximos estrenos que veremos en la pública. Ojalá, si no lo superan, al menos estén a la altura.

Y ahora, si no han tenido suficiente, pinchen en la siguiente página para leer el repaso, escena por escena, del último episodio. Compréndanme, no podía hacerlo con Alatriste y no hacerlo con mi querido-a-pesar-de-todo Víctor Ros.