Comentaba Alberto Rey en su columna la pasada semana que algo está cambiando en el panorama televisivo nacional. De pronto parece que la ficción ha tomado conciencia de sí misma y ha comenzado a arriesgarse proponiendo piezas de factura muy superior a lo que nos han tenido acostumbrados. El periodista pone de ejemplo El Ministerio del Tiempo o Vis a Vis. Y tiene razón.

El piloto de Vis a Vis es uno de los mejorcitos que he visto en mucho tiempo. Y no lo digo con ironía. Me llamó la atención no sólo por su calidad técnica y argumental, sino por sus propias pretensiones, que me pareció ver marcadas desde la misma secuencia inicial. Macarena, la protagonista, empieza la serie en su casa desembalando una jaula enorme. Tiene un canario y pretende trasladarlo de emplazamiento previendo su próxima reclusión. La nueva jaula tiene más espacio y cuenta con hueco para varios comederos y bebederos, suficiente para que no le falte comida en una temporada. En voz en off, el montaje nos hace cómplices de la mentira telefónica que le cuenta la protagonista a su madre al tiempo que la vemos recoger su maleta. Se marcha pero, de pronto, algo hace que se detenga. Se ve que se lo ha pensado mejor: agarra a su canario y lo deja volar en libertad a través de la ventana.

Dicen los teóricos que, para que lleguemos a creernos completamente a un personaje de ficción, el narrador tiene que presentarlo desde tres perspectivas. Ha de tener, en primer lugar, una faceta «épica» donde le veamos emprender acciones, tomar decisiones y acometer empresas. En segundo lugar, debe mostrar una faceta «lírica» donde se pongan de manifiesto sus más íntimas emociones y sentimientos ante la desventura. Por último, para que el personaje sea realmente convincente, tiene que hacernos partícipes de una mentira. No sé a ustedes, pero a mí me parece que en esta secuencia de poco más de un minuto está todo lo necesario para que vayamos con la protagonista en su viaje, y unas cuantas cosas más. Porque la secuencia inicial, además de jugar con la metáfora de la jaula, acrecentada además por la similitud cromática con los colores del ambiente y del canario, presenta una particularidad muy poco común en nuestras ficciones nacionales hasta la fecha: hay que mirar.

Creo que uno de los grandes males de nuestra ficción es que se escribe para el oído… pero Vis a vis no

Personalmente creo que uno de los grandes males de nuestra ficción es que se escribe para el oído. Hasta la fecha, eran raras las series que no pudieran seguirse a la perfección sin levantar la mirada del plato de la cena. No se veían, se escuchaban. Todo era verbalizado, desde las acciones hasta los trasfondos de los personajes. Incluso escenas eminentemente visuales redundaban en una suerte de explicaciones para tontos dichas en voz alta por algún personaje. Pero la secuencia de arranque de Vis a vis no. La primera toma de contacto con la protagonista se lleva a cabo con una metáfora visual cargada de connotaciones donde lo que se oye, de hecho, es precisamente una mentira.

La serie continúa con aciertos. El montaje desestructurado, con saltos temporales explicativos, inclusión de imágenes en formato documental, la narración casi en primera persona… denotan que en algún despacho de algún edificio de algún lugar alguien ha pensado que, efectivamente, el espectador es inteligente después de todo y que no necesita cortinillas para reconocer los flashbacks o explicaciones para entender el metalenguaje audiovisual.

El problema es que la serie plantea un universo que carece por completo de verosimilitud

Argumentalmente la serie también resulta interesante. Es verdad que ha nacido a la sombra de Orange is The New Black y que la producción no se corta un pelo a la hora de copiar de su referente, pero la historia bebe más de otro tipo de fuentes cercanas al thriller. Tiene giros bien pensados y una interpretación más que destacable.

El problema es que la serie plantea un universo que carece por completo de verosimilitud. Vis a Vis se ubica en una prisión privada de esas que no hay en España, nuevecita —ni un desconchón en las paredes, ni un grifo oxidado—; dotada con la última tecnología —sólo la consulta del médico tiene desfibriladores y máquinas de radiografías, ahí es nada—, y además sigue un régimen disciplinario de lo más laxo —las reclusas caminan a sus anchas por ahí—. Por eso, de entrada, suena raro que nada funcione como debería por parte de los funcionarios —¿son funcionarios si la institución es privada?— y, por otro lado, que no tengan un motín a diario. Claro, se trata de un universo muy cómodo para cualquier guionista.

La consulta del médico debe ser fría como un témpano, a juzgar por el marcado «pezoneo» que sufren todas

Por otra parte, creo que se abusa un poco del erotismo. Todos los medios se han hecho eco de que, efectivamente, la serie desnuda a todas sus protagonistas ya en el piloto, incluyendo la clásica escena de ducha que tantos kilómetros de celuloide ha dado en el género de exploit carcelario de serie B. La consulta del médico debe ser fría como un témpano, a juzgar por el marcado «pezoneo» que sufren todas nada más cruzar su umbral, y es de análisis el extraño caso de los sarpullidos y demás problemas cutáneos de las reclusas, que parecen producirse sólo cerca del pubis. Es cierto que en algunos puntos el desnudo sí está justificado argumentalmente —en las escenas de cacheo, por ejemplo— pero el resto de ocasiones suena más a recurso efectista para subir el share a base de tetas, y claro, eso no dice nada bueno de cómo nos ven a los espectadores quienes lo plantan en parrilla: inteligentes audiovisuales por fin, pero igual de mirones que siempre.