Mi relación con Vis a vis es conflictiva. Si bien el primer episodio me gustó bastante, más entrada la temporada me sentí profundamente defraudado por un capítulo demasiado rebuscado —en mi opinión—. Esto motivó que relegara la serie al castigo on demand y del visionado online. Torpeza mía, todo sea dicho, ya que ver una serie online en nuestro país es sencillamente insufrible por la cantidad de publicidad repetida con la que interrumpen los programas. Pero bueno, la trama me interesó en su comienzo, los personajes me parecieron aceptables —salvo Palacios, que no lo aguanto, sorry—, y seguía teniendo interés por la cosa. Gracias a ello, he recuperado la fe.

Es verdad que la trama se ha ido un poco lejos. Es cierto que la cárcel sigue siendo un caos inverosímil incluso para sus propias reglas, y es cierto que se trata de una placa de Petri donde cabe cualquier reactivo, de la clase que sea. No hay límites. Todo, o prácticamente todo vale en Cruz del Sur, y eso lo han explotado sin miramientos en otras ocasiones. No obstante, he detectado una renovada mesura; he apreciado un nuevo foco de interés, y me ha fascinado un distinto tono en el relato. Iré por partes.

En primer lugar, la cosa de la mesura. Abominé de la serie en el momento en que, sin motivo aparente, la policía se pasaba por el forro todo el derecho procesal y se llevaba a la reclusa protagonista a un lugar apartado del bosque donde se producía un tiroteo loco loco. Después de eso, cualquier cosa podría ser mesurada, claro. Pero también es cierto que con ese precedente también podrían haber disparado la trama hasta mucho más lejos sin contemplaciones con el espectador incauto, y no ha sido así.

Los últimos conflictos que ha sufrido la protagonista han tenido lugar en la cárcel y, sólo por eso, ya me merecen más verosimilitud que el episodio del bosque. Es verdad que es una cárcel sin muchas normas donde después de varias muertes los de seguridad siguen sin tomarse muy a pecho que las reclusas tapen las cámaras para, por ejemplo, amenazar a la protagonista con cortarle los pezones. Es verdad. Pero a pesar de esas libertades, termino por aceptarlo. En cierta forma, es el tono que han impreso a la ficción desde el comienzo y son cuestiones que, si bien no con tanta facilidad, podrían darse con menor grado de teatralidad. En fin, que estoy dispuesto a aceptarlo.

Más peso ha tenido el segundo motivo: un nuevo foco de interés. Aunque estaba apuntado antes, desde el episodio de la locura ha ido ganando protagonismo la trama del padre y hermano de la protagonista y su particular búsqueda del dinero en el exterior —y en exteriores, que es un punto—. Esa subtrama, secundaria en sus orígenes, se ha ido convirtiendo en toda una cuestión de venganza para un protagonista que, si me lo permiten, se me antoja mucho más interesante que su hija en la ficción. Carlos Hipólito me está ganando para la causa como hiciera en su día Alba Flores, no digo más. Igualmente, el rol de los funcionarios de la prisión se ha ido haciendo más complejo… más ambiguo. Y eso me interesa.

Las anagnórisis son complicadas. Descubrirla en Vis a vis ha supuesto un soplo de aire fresco

Pero lo definitivo ha sido un distinto tono a la hora de abordar la estructura del relato. Para explicarme les pondré como ejemplo algo que sucedió en el episodio de la semana pasada. Uno de los funcionarios se encariña con Macarena y descubre que está siendo acosada por el doctor de la prisión. No obstante, en el momento en que se enfrenta con él, éste le presenta una serie de pruebas que minan su confianza y le hacen dudar de ella, tanto a él como al propio espectador. Vale, quizá al espectador no tanto, pero en un momento dato, y puesto que hasta la fecha hemos seguido su perspectiva, no sería descabellado que jugaran de nuevo esa baza con éxito.

Créanme si les digo que el tipo de narración que altera la noción de realidad del personaje es muy difícil de escribir sin que resulte artificioso. Las anagnórisis —que así se llama el término— son complicadas de plantar porque implican una previsión que afecta a todo el entramado dramático. Descubrirla en Vis a vis ha supuesto un soplo de aire fresco que me ha hecho olvidar momentáneamente el desencuentro pasado, fíjense, hasta el punto de ser capaz de levantarle el castigo y volver a verla en su emisión en directo.