Estrenamos nuevo año. El catorce se presenta diáfano y esperanzador, como todos los nuevos años, recién sacado del envoltorio. Sin embargo el trece no ha quedado atrás, sobre todo en lo que a series se refiere. Aquí mis expectativas seriéfilas.

Sherlock, temporada 3 (1E)

La tercera temporada de la magnífica serie británica por fin ha llegado, después de que el protagonista «muriera» en el último episodio de la temporada anterior. Han pasado casi dos años desde que se emitiera éste último, lapso que han respetado en la propia trama. En este tiempo, Martin Freeman se ha embarcado en el viaje de Bilbo Bolsón en la nueva trilogía del anillo, y Benedicto Cumberbatch ha hecho prácticamente de todo: Agosto, con Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor y otros; El Quinto Poder, encarnando a Assange; 12 años de esclavitud, donde tiene un papelito; Star Trek: en la Oscuridad, dando vida al villano… y también la Saga del Anillo con doble papel: el dragón y Sauron.

Como los fans somos a menudo olvidadizos, la campaña para recordarnos que vuelve Sherlock comenzó hace varios meses, empezando a circular por ahí los primeros trailers y popularizándose el hashtag #SherlockIsAlive. Lo último ha sido colgar un mini episodio a modo de precuela:

La nueva temporada se estrena en el Reino Unido el día 1, llegará a España de la mano de TNT el 7, y constará, como las anteriores, con tres episodios: El coche fúnebre vacío, El signo de los tres y Su último voto.

House of Cards, temporada 2 (14F)

El día de San Valentín nos llega el que probablemente haya sido mi mayor descubrimiento del año: House of Cards, segunda temporada, y todo del tirón. Netflix ha dado un paso de gigante, no sólo en lo que a emisión vía internet se refiere, sino al arriesgarse a producir series como esta. Con una interpretación sublime, la primera temporada no hace sino prologar el conflicto que se adivina para la segunda.

Lo que más me gusta de House of Cards es la manera en que retrata las entretelas del poder y la ambición sin zarandajas ni cátedras morales de las que abundaban en West Wing. Aquí, todos los personajes son culpables hasta que se demuestre lo contrario, y la política, como diría Clausewitz, es solo la continuación de la guerra con otros medios.

Vikings, temporada 2 (27F)

La producción del History Channel sobre la vida y obra de Ragnar Lothbrok regresa también en el invierno de 2014 para continuar la trama donde la dejaron: el conflicto entre los dos hermanos, los problemas fronterizos y pugnas de poder en la península escandinava, y las dudas y romances del nórdico interpretado por el modelo de calzoncillos Travis Fimmel.

No hay motivos para sospechar que la serie no siga los planteamientos marcados en la temporada anterior: violencia, sangre… y una marcada vocación didáctica para ilustrarnos, con cierto adorno efectista, las costumbres y creencias del pueblo vikingo.

Hannibal, temporada 2 (28F)

Uno de los descubrimientos más raros del pasado año fue la serie Hannibal que, pese a no tener todo el éxito que se esperaba, fue renovada contra todo pronóstico. Como seguro que saben, se trata de una serie que explora los antecedentes de la conspicua relación entre el policía Will Graham y el psiquiatra Hannibal antes de que el primero atrapase al segundo. La obra, que se sumerge en el universo de El Silencio de los Corderos —se sitúa cronológicamente antes de El Dragón Rojo— se toma libertades como la de modernizar las tramas, introducir nuevos personajes —Gillian Anderson haciendo de psiquiatra de Lecter es uno de los grandes aciertos—, o transformar personajes conocidos para dar juego a la historia, como sería el caso de reemplazar al seboso y deleznable periodista Freddie Lounds por una atractiva blogger pelirroja.

Hannibal temporada 2

Aunque ya comenté en su día que había muuuchas cosas que me chirriaban de esta serie, tiene algo que no deja de interesarme: la fotografía, la ambientación y la música son al tiempo magistrales y desconcertantes. Se trata de una apuesta visual llamativa y extraña, a medio camino entre lo onírico y lo cruento, que me atrae irremediablemente. Además, se rumorea que están tentando al mismísimo David Bowie para que interprete al Conde Drácula Robert Lecter, tío del asesino, y eso tengo que verlo.

Juego de Tronos, temporada 4

El invierno boreal acaba con la llegada de la cuarta temporada de Juego de Tronos y, por supuesto, soy un fan-detractor declarado. Como saben los lectores fieles de este blog, es una tradición de la casa poner a parir Juego de Tronos siempre que hay oportunidad bajo la etiqueta #JuegoDeTrolas, a pesar de lo bien rodada e interpretada que está la serie. La siguiente temporada sigue con el culebrón de los siete reinos en un instante especialmente delicado, ya que las tornas de la guerra parecen haber cambiado después de la masacre de la boda roja, al tiempo que la niña de los dragones se ha hecho con un ejército respetable en el sur, y a la vez que la magia va regresando al mundo, por lo que todo lo anterior puede ser, o no, o tal vez, o quizá, porque ya se sabe: la gente empieza a resucitar, los muertos vivientes empiezan a morir, los animales se pueden controlar y a la menor los personajes cambian de cara. Ay, G.R.R., el jardín en el que te has metido.