Título original: X-Men: Dark Phoenix; Dirección: Simon Kinberg; Guion: Simon Kinberg, John Byrne, Chris Claremont, Dave Cockrum; Música:Hans Zimmer; Fotografía:Mauro Fiore; Reparto: Sophie Turner, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Jessica Chastain

Cuando, en mitad de una de las misiones imposibles de los X-Men rescatando un transbordador espacial, la joven Jean Grey recibe el impacto de lo que parece una nebulosa cósmica, algo en lo más profundo de su ser de pronto toma conciencia, al tiempo, de su inconmensurable poder y de los traumas que lleva enterrados en el olvido desde su infancia. Presa del arrebato que esta revelación le produce, se aleja de sus amigos, de quienes desconfía, y trata en vano de descubrir las motivaciones que causaron su trauma infantil mientras lidia con unos poderes que todavía no controla. Durante este lapso, una alienígena con el rostro de Jessica Chastain irrumpe en el planeta con la intención de asolarlo y encuentra en la confusa y todopoderosa Grey un arma ideal para sus propósitos. 

El eje central de la historia, más allá del conflicto interno de su protagonista, es la relación que mantiene con su mentor el Dr. Xavier, del que en cierto momento rehúye. Expuesto ante sus acciones pasadas, el filántropo verá cuestionada su forma de actuar tanto antes como ahora, lo que repercutirá en la unidad del grupo, hará tambalear los ideales que dieron origen a su escuela de mutantes, e incluso pondrá en peligro la vida de más de uno. 

La trama adicional de la alienígena, más que desarrollar el conflicto propio de la protagonista, parece que está directamente para rellenar con un poco de acción el tercer acto

Con un guion bastante raquítico en este sentido, la trama adicional de la alienígena, más que desarrollar el conflicto propio de la protagonista, parece que está directamente para rellenar con un poco de acción el tercer acto de una película que sucede en su mayoría en diálogos de interior; en escenas de café, copa y reproches entre unos personajes y otros. La trama que motiva todo el conflicto, de hecho, termina solucionándose prácticamente a sí sola. 

La factura visual, principal aval de este tipo de películas de acción y fantasía, roza el aprobado con varias escenas de interés visual y ritmo. No obstante, el devenir de los acontecimientos resuena tan forzado que se entiende la necesidad de incluir al personaje de Chastain como intrusa destructora que aglutine en su contra tanto a los de un bando como a los del otro y que permita un poco de acción y de pirotecnia visual. 

Siguiendo, por tanto, la tónica que desde hace tiempo viene marcando la franquicia de los X-Men, el interés narrativo de esta nueva entrega se sitúa a la par —si no por debajo— del que ya tuvo su antecesora, la olvidada X-Men Apocalipsis, o la que sufrió en su momento la película argumentalmente más próxima a esta, La decisión final, que ya narraba el mismo trasfondo con el mismo personaje protagonista. En cualquier caso, no se puede dar por acabada a la franquicia. No en vano, al igual que el ave que da título a la pieza, ya resurgió de sus cenizas en una ocasión.